El Agua y la Luna: Teorías sobre la existencia de moléculas de agua en nuestro satélite natural

“Un avión volando sobre el 99% de nuestra atmósfera, portando un telescopio de luz infrarroja nos confirmó la existencia de agua en la superficie lunar.”

La felicidad podría resumirse en contemplar el reflejo lunar en aguas tranquilas en medio de una noche de verano mientras se escucha  el Adagio de la Sonata para piano n°14  de Beethoven conocida como “Claro de Luna”. Esta misma imagen de serenidad nos ilustra la fascinación que nos produce nuestro satélite natural. Con su luz pálida nos extrae los más pacíficos suspiros, nuestros instintos más primitivos de hombres-lobo o nos evoca la inevitable muerte como en los Romances de García Lorca. Este hechizo milenario, lejos de haber sido arruinado por el “pequeño paso para el hombre” dado hace 51 años, no ha hecho sino crecer con la exploración cuidadosa del suelo selenita.

Un avión volando sobre el 99% de nuestra atmósfera, portando un telescopio de luz infrarroja nos confirmó la existencia de agua en la superficie lunar e inmediatamente excita nuestra imaginación y llena nuestra mente de preguntas: ¿Cómo llegó esa agua ahí? ¿Cómo puede conservarla la Luna? ¿Hará a la Luna habitable? Es preciso aclarar que lo que se encontró es la presencia de moléculas de agua. No hay glaciares ni ríos ni cascadas: la Luna deberá seguir bañándose en el Calle-Calle.

En realidad todavía no somos capaces de contestar ninguna de las preguntas anteriores con completa seguridad. El agua podría haber sido transportada por (micro)meteoritos que al impactar con la Luna funden parte del suelo formando trozos de vidrio donde puede haber quedado atrapada el agua. Eso explicaría la presencia de agua y su preservación. Pero también es posible que se forme agua mediante reacciones químicas inducidas por el viento solar. Otra posibilidad es que lo cráteres lunares protejan ciertas zonas de la luz solar. Serían regiones en permanente sombra donde la temperatura es siempre lo suficientemente baja como para preservar agua. Esto puede ocurrir cerca de los polos lunares, justamente la región donde ha sido detectada el agua. Además se estima que esas áreas protegidas sumarían unos 40.000 kilómetros cuadrados. Esta alternativa es atractiva pues abre la posibilidad de que esa agua sea extraíble y utilizable.

La presencia de agua explotable sería extremadamente útil para futuras misiones de larga duración y para el establecimiento de alguna base. Una de las ideas futuras es que la Luna sirva de plataforma desde donde sean lanzadas misiones hacia Marte. Todo esto sería facilitado si hubiera una importante cantidad de agua disponible. Por supuesto, también hay una perspectiva económica pues ya existen intenciones (y ya hay acuerdos) de explotación comercial de la Luna junto con la posible extracción de sus recursos. Cabe esperar que no suceda como en Agualuna (la de Ubiergo) y no se la jueguen “como en mesa de billar”.

Naturalmente, la existencia de agua en la Luna plantea otras preguntas: ¿Qué tan abundante es el agua en nuestro sistema solar? ¿Existirá en otros sistemas planetarios?. Pero estas interrogantes las ponderaremos mientras suenan las notas de Beethoven.